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lunes, 15 de noviembre de 2021

Instalación "Hojas enredadas"


Las niñas y niños de Educación Infantil experimentan en un escenario preparado con elementos naturales 

Cuando las niñas y niños de tres años comienzan a jugar, el sol se cuela por las ventanas y se suma sutilmente al juego, bañando la red y las hojas de luz, dándoles nuevos matices. También baña sus pequeñas manos, que danzan, emocionadas, de un objeto a otro, unas más tímidas, otras más decididas. 
Sus miradas se detienen ante aquello que se les antoja más interesante, se posan sobre los troncos grandes y los palos, que quizás invitaban a construir y a seriar según las hipótesis de juego, pero ahora son instrumentos improvisados, una prolongación de los brazos para intentar abrazar un buen número de hojas, tal vez en un martillo para comprobar la resistencia de la calabaza. Es bonito ver cómo se multiplican las posibilidades del juego, cómo el discurso que entablan con el espacio enriquece la propuesta, las vidas de los materiales, contemplar cómo se despliegan los 100 lenguajes de los que hablaba Loris Malaguzi. 
Un niño de 5 años intenta, desde los extremos, alcanzar con su mano las hojas que se posan en la red y, al ver que no lo logra, toma un palo -no sin antes descartar varios por tener menor longitud- y logra su cometido. Poco después, los extremos de la red son agitados entre risas, mientras las hojas saltan, vuelan y pintan el aire con sus tonos verdosos, rojizos y ocres durante un instante; la alegría como banda sonora, el aparente caos como escena, el juego como hilo conductor, los cuerpos en movimiento como actores. 
El estanque de hojas se convierte en un lugar plácido para descansar, en una cama mullida sobre la que saltar, en el lugar perfecto para acumular tesoros en forma de piñas y castañas. 
Unos dedos acarician, concentrados, las texturas de las hojas; otros experimentan con volúmenes, formas y pesos. 
Unas caras aceptan, sonrientes, una invitación de juego a unos metros, quizás curiosas porque descubren un sonido o la nueva utilidad de algún elemento, quizás porque buscan cómplices de juego, y disfrutan de la libertad de decidir en cada momento hacia dónde focalizar su atención. Otras permanecen absortas en una experimentación detenida de uno o varios materiales, disfrutando del abanico de sensaciones que les ofrece. 
El juego siempre se abre camino, sólo hay que cambiar la mirada para poder contemplarlo.

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